Cuatro adolescentes que vivían en una pequeña ciudad norteamericana decidieron celebrar la Noche de Halloween reuniéndose en una casa abandonada para invocar al Cazador de las Tinieblas: un peligroso demonio que solo podía manifestarse en la más absoluta oscuridad, pues se decía que bastaba un rayo de luz para espantarlo. En realidad, ninguno de los cuatro creía seriamente en esa leyenda y el ritual solo era para ellos un juego morboso. De todas formas, se acordaron de crear una barrera de luz a su alrededor, encendiendo unas velas que habían traído consigo. Después de que un miembro de la pandilla pronunciara las palabras que debían atraer al demonio, empezaron a oírse unos ruidos extraños, procedentes de la oscuridad que imperaba más allá del círculo de luz. Todos los amigos gritaron de terror, pero la más afectada fue una chica llamada Clara, que era muy sensible y sufrió un desmayo a causa del susto. Sobreponiéndose al miedo, uno de los amigos enfocó su linterna hacia el lugar de donde procedían aquellos sonidos y, salvo la inconsciente Clara, todos suspiraron aliviados al ver que el causante del barullo no había sido más que un mapache. Una vez recuperados del susto, intentaron reanimar a Clara, que pronto empezó a dar señales de vida, aunque seguía muy pálida y mantenía los ojos cerrados. Súbitamente y con una rapidez fulgurante, la muchacha introdujo su mano en el bolsillo del amigo que había encendido las velas y le arrebató el mechero. Antes de que nadie pudiera comprender qué pasaba, Clara encendió el mechero y se quemó los ojos con la llama. Poco después, abandonó la casa maldita con las manos ensangrentadas y se encaminó hacia la ciudad en busca de nuevas víctimas, dejando atrás los cadáveres de todos sus amigos. Aunque, en realidad, lo que salió de la casa ya no era Clara, sino su cuerpo poseído por el Cazador de las Tinieblas. Este había acudido a la invocación y se había introducido en el cerebro de Clara, el cual, al hallarse sumido en la negrura de la inconsciencia, era el único punto oscuro dentro del círculo de luz. Y, como los ojos de la muchacha habían quedado cegados para siempre, ya ninguna luz podría llegar a su cerebro, de modo que el Cazador de las Tinieblas había encontrado en él un perfecto acomodo para extender el terror por nuestro mundo.
…
Pero el Cazador no era el único ser extraño que pasaba por allí aquella noche. Un jinete vestido de negro y armado con una espada de factura oriental se dirigía hacia la ciudad, acompañado por un extraño cuervo parlante al que llamaba Mister Poe (y que era, de hecho, la reencarnación del famoso poeta norteamericano). Aquel misterioso jinete no era otro que Daniel Hunter, el guerrero inmortal por cuyas venas fluía sangre de vampiro. Mister Poe le dijo:
-Daniel, ¿podrías explicarme de una vez por qué estás tan nervioso?
-Sé que Helene está cerca de aquí y que se halla en peligro. Desde que bebí su sangre, existe una especie de vínculo entre ella y yo.
Daniel se refería a Helene Belfort, la niña vampiro, que en otros tiempos había sido su enemiga, pero que una vez le había salvado la vida dándole su sangre. Mister Poe, que no perdía ninguna oportunidad de embromar a Daniel siempre que este mencionaba a Helene, le dijo:
-¿Un vínculo? Así que realmente te gusta la dulce Mademoiselle Helene, ¿eh, Daniel? ¡Parece mentira, un chico tan serio como tú!
-“Desde el tiempo de mi niñez, no fui como otros eran, no he visto como otros veían…”
-¡Oye! ¿Y por qué te pones a recitar ahora uno de mis poemas?
-Necesito recordar cuánto me gustaban sus versos cuando era joven, Mister Poe… ¡para olvidar las ganas que me han entrado de retorcerle el pescuezo!
La discusión no pasó a mayores porque en aquel preciso momento Daniel y Mister Poe hallaron a Helene, que yacía inconsciente sobre el suelo del bosque. A su lado se hallaba Clara, la muchacha poseída por el Cazador de las Tinieblas. Helene, que podía sentir la presencia de seres sobrenaturales, había intentado detenerla antes de que llegara a la ciudad, para impedir que matara más personas inocentes, pero, pese a ser muy poderosa, no había podido contrarrestar la temible fuerza del Cazador. Daniel desmontó con su espada en la mano y se arrojó sobre Clara, dispuesto a partirla por la mitad antes de que pudiera rematar a Helene. Pero, cuando ya estaba a punto de herirla, sus finos oídos captaron los latidos del corazón de Clara. Eso paralizó el ataque de Daniel, pues comprendió que la muchacha, aunque poseída por el Cazador, seguía físicamente viva y él no era capaz de matar a una persona inocente, por mucho que esta se hubiera convertido en la marioneta de un demonio. Por supuesto, el Cazador no tenía tantos escrúpulos, así que aprovechó las dudas paralizantes de Daniel para lanzar sobre él un ataque fulminante y derribarlo mediante un golpe terrible, que lo dejó fuera de combate. Aprovechando el estado de indefensión en el que se hallaban Daniel y Helene, el Cazador, consciente de que no podía matarlos con sus golpes ni tocar la espada mágica de Daniel, los ató juntos con una cuerda especialmente resistente y empezó a apiñar hojas secas a su alrededor, dispuesto a quemarlos con el mechero que aún llevaba consigo. Pero Mister Poe, que hasta entonces había permanecido al margen, se acercó a Clara y empezó a revolotear en torno a su cabeza, pronunciando continuamente la letra A. Pasados unos segundos la muchacha poseída se detuvo en seco, emitió un grito desgarrador y cayó al suelo desmayada. Mientras permanecía inconsciente, sus pálidas mejillas empezaron a recobrar paulatinamente los colores de la vida, manifestando que ya no estaba poseída y que el Cazador de las Tinieblas había vuelto al infierno del que procedía.
…
Tras usar su poderoso pico para cortar la cuerda que ataba a Daniel y a Helene, Mister Poe se posó en la rama de un árbol y les dijo:
-No voy a daros una lección de estilística ni a explicaros lo que es una aliteración o una sinestesia. Simplemente voy a recordaros que en mi vida anterior fui un gran poeta y que, por tanto, conozco perfectamente el poder del lenguaje para sugerirles sensaciones visuales a las personas sensibles. Las vocales abiertas, especialmente la A, sugieren una sensación de claridad si se repiten continuamente, del mismo modo que una vocal cerrada como la U se asocia a la oscuridad. Por otra parte, sabía que el demonio era vulnerable a la luz, pues de lo contrario no le hubiera quemado los ojos a la chica después de poseerla. Pero había cometido el error de poseer a una persona especialmente sensible, de modo que la simple repetición de la A hizo penetrar en su cerebro una sensación de claridad, que bastó para expulsar al demonio de este mundo.
Daniel le preguntó al cuervo con visible disgusto:
-Y, si usted sabía cómo ahuyentar a ese demonio, ¿por qué no lo hizo antes?
-Bueno, es que quería regalaros un momento inolvidable. Seguro que os gustó estar juntos los dos, atados el uno al lado del otro... Eso sí que crea vínculos, ¿verdad?
Como Mister Poe se había puesto fuera de su alcance y no podía amenazarlo con retorcerle el pescuezo, Daniel se limitó a dedicarle una mirada colérica, pero Helene, aparentemente tranquila, le dijo al cuervo:
-Mister Poe, ¿recuerda que tengo el poder de darle marcha atrás al tiempo?
-Sí, algo he oído al respecto.
-¿Y ve lo que hay en la rama donde usted se ha posado?
Mister Poe se fijó en que a su lado había un nido de gavilanes, abandonado hacía tiempo, pero donde aún se veían unas plumas de cuervo.
-¡Oye, Helene, no se te ocurrirá…!
La niña vampiro chasqueó los dedos y el tiempo retrocedió a la época en la que aquel nido aún no había sido abandonado por los gavilanes, de modo que Mister Poe tuvo que huir rápidamente de la rama, dejándose varias plumas entre las garras de sus perseguidores.





