La Plegaria Encerrada Voces en la Oscuridad

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Desde pequeño siempre he podido escuchar voces en mi cabeza que me dicen ‘abre la puerta’, algo que me aterraba profundamente. 
Nunca se lo mencioné a mis padres ni a nadie, quizás por miedo, no lo sé. Me acostumbré a ignorar esas voces y a llevar mi vida 
como si nada pasara, pero eso solo duró hasta los quince años.

Una noche, me encontraba en mi habitación, y las voces en mi cabeza se volvieron más estridentes, como si estuvieran sufriendo un 
tormento insoportable. Podía ver cómo golpeaban la puerta de mi cuarto y me suplicaban ‘¡ayuda, por favor, abre la puerta!’, 
cada vez con más desesperación. Yo temblaba de miedo y no quería abrir, pero los gritos se volvían cada vez más ensordecedores. 
Eran varios, no sabía cuántos, pero cada uno clamaba por ayuda a su manera. Algunos gritaban, otros golpeaban la puerta, 
uno lloraba desconsoladamente, y uno más simplemente permanecía en silencio, deslizando una hoja de papel bajo la puerta.

Esa hoja de papel se convirtió en mi único refugio, un breve momento de calma en medio de aquel caos de voces y gritos desesperados. 
Sin embargo, al final, cuando finalmente tuve el coraje de mirar lo que decía, la realidad se volvió aún más aterradora. En la hoja, 
escrita con trazos temblorosos, había una súplica desgarradora: ‘Ayuda, por favor’.

Cuando me di cuenta, estaba atrapado dentro de mi propia habitación. Desesperado, intenté abrir la puerta, pero estaba sellada como 
si fuera una prisión. Miré por un costado de la puerta, buscando desesperadamente ayuda, y allí lo vi: un niño. Grité con todas mis 
fuerzas ‘¡AYUDA, POR FAVOR, ABRE LA PUERTA!’...


 

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