La Brecha

Se ha abierto una brecha en la muralla invisible que separa nuestro mundo del Infierno y criaturas que no deberían existir acosan a la raza humana. El único que puede hacerles frente es un hombre solitario con sangre de vampiro, que se hace llamar Daniel Hunter. … En un recóndito lugar de los Estados Unidos hay un lago sumamente profundo, que se extiende sobre el cráter de un volcán apagado. Aquella noche una figura sombría se acercó a las rocosas orillas del lago, siguiendo el instinto que le permitía loca

Se ha abierto una brecha en la muralla invisible que separa nuestro mundo del Infierno y criaturas que no deberían existir acosan a la raza humana. El único que puede hacerles frente es un hombre solitario con sangre de vampiro, que se hace llamar Daniel Hunter.

En un recóndito lugar de los Estados Unidos hay un lago sumamente profundo, que se extiende sobre el cráter de un volcán apagado. Aquella noche una figura sombría se acercó a las rocosas orillas del lago, siguiendo el instinto que le permitía localizar a las fuerzas del Mal dondequiera que se ocultaran. Pero en aquella ocasión dichas fuerzas no se estaban ocultando de Daniel Hunter, sino que lo estaban aguardando. Este sabía que se trataba de una trampa, pero no tenía más remedio que caer en ella para cumplir su misión de proteger a la especie humana, que, por otra parte, nunca le había agradecido sus esfuerzos. Tras una dura caminata, Daniel alcanzó la cima de un inmenso peñasco, cuya siniestra sombra ennegrecía aún más las oscuras aguas del lago. Allí, hermosa y serena bajo la pálida luz de la luna menguante, lo esperaba su más formidable enemiga: Lilith, la princesa de los vampiros. Daniel, sin bajar la guardia en ningún momento, se acercó a ella con su espada en la mano y le dijo:

-Sabía que estabas aquí, pero algo que dice que no estás sola. ¿Acaso me equivoco?

Ella le dedicó una sonrisa sensual y le respondió con una voz tan dulce como su rostro:

-No te equivocas. Por aquí anda un amigo mío, al que verás en breves. Y también está cerca una persona a la que conoces muy bien.

Daniel se quedó turbado. Todas las personas a las que había conocido y amado estaban muertas desde hacía mucho tiempo. Adivinando su turbación, Lilith le dijo:

-Yo abrí la brecha que permite entrar aquí a las criaturas del Infierno. Pues bien, si mi magia puede hacer eso, ¿por qué no podría igualmente abrir otra brecha entre este mundo y el Cielo? Eso me ha permitido resucitar y tomar como rehén a alguien muy importante para ti.

Por primera vez en mucho tiempo, Daniel sintió los zarpazos del miedo en su alma. Casi adivinaba a quién se refería Lilith. Había muchas personas por las cuales él estaría dispuesto a perder la vida, pero solo una por la cual perdería el juicio. Lilith, siempre serena y sonriente, le señaló un árbol cercano, el único que crecía en medio de aquellas rocas. Viendo confirmadas sus peores sospechas, Daniel emitió un grito de dolor y dejó caer su espada. Allí, atada al tronco del árbol y con una mordaza en la boca, estaba su madre, tan joven y hermosa como el día en el que fue linchada por quienes la consideraban una bruja. Aquel terrible día Daniel, por aquel entonces un niño pequeño, no había podido hacer otra cosa que llorar por ella en su escondrijo, mientras oía impotente cómo su querida madre chillaba de dolor bajo los azotes de la tortura. Tras unos segundos de silencio, Lilith, gozosa al comprobar que había conseguido sorprenderlo, le dijo:

-¿Te gusta su ropa? Es la misma que llevaba aquella vez. O quizás, si estás de acuerdo con las ideas del doctor Freud sobre el complejo de Edipo, prefieras verla con otro atuendo más sexy.

Lilith chasqueó sus dedos y, literalmente por arte de magia, el recatado vestido de la prisionera se convirtió en un sensual bikini y en unos zapatos negros de tacón afilado. Daniel, furioso, golpeó el rostro de Lilith con tanta fuerza que hubiera podido matar a una persona normal. Pero la reina de los vampiros ni siquiera perdió la sonrisa. Se pasó la lengua sobre la sangre que emanaba de sus labios y dijo:

-Creo que deberías aprovechar esta ocasión para demostrarle tu valor a mamá. Quizás así olvide que en otra ocasión la dejaste morir como un cobarde. ¡Mira, ahí está el amigo del que te hablé!

De las aguas del lago surgió un demonio devorador de almas, que inició una lenta pero inexorable aproximación hacia la aterrorizada rehén de Lilith. Daniel perdió entonces todo atisbo de cordura. Olvidándose de todo que no fuera la seguridad de su madre, corrió para interponerse entre esta y la abominación que la amenazaba, sin acordarse ni siquiera de recoger su espada. Durante aquella frenética carrera, Daniel concentró en sus manos toda la energía que fluía por sus venas y la proyectó hacia el monstruo. Cuando recibió el impacto de aquella fuerza invisible y arrolladora, el devorador se tambaleó como una montaña sacudida por un seísmo, antes de estallar en mil pedazos. Lilith se rio al ver que todo había salido según sus planes. Daniel había matado a la criatura, pero también había desperdiciado toda su energía. De haberse hallado más sereno, sin duda hubiera reservado una parte de su poder para enfrentarse a su verdadera enemiga, pero el miedo y el frenesí, como malos consejeros, lo habían dejado completamente indefenso. Ni siquiera podía mantenerse en pie, así que se desplomó inconsciente sobre un charco formado por la nauseabunda sangre del monstruo.

Cuando recobró el sentido, aún se encontraba muy débil. Ni siquiera podía romper las cuerdas con las cuales Lilith lo había atado al lado de su madre. Disfrutando con la indefensión de su peor enemigo, la princesa de los vampiros acarició su pálido rostro con falso cariño y le dijo:

-Ahora, querido, puedo matarte cuando lo desee. Pero primero quiero que veas lo que voy a hacer con tu mami y con toda la gente que vive cerca de aquí.

Daniel hubiera querido insultar a su enemiga, pero, consciente de su derrota y del error infantil que había cometido, solo fue capaz de llorar, con unas lágrimas tan amargas que parecían quemarle las mejillas. Pero no tuvo mucho tiempo para lamentarse, pues entonces aparecieron varios agentes de la policía estatal, sin duda atraídos por el estruendo que había provocado el monstruo al morir. Daniel, comprendiendo que no podía esperar nada de ellos, les gritó con todas sus fuerzas:

-¡Marchaos rápido, de lo contrario ella os matará a todos!

Pero Lilith le tapó la boca con la mano y le susurró:

-Sss, calladito. No hay que echar a los visitantes, sino regalarles una cálida bienvenida.

A continuación Lilith se convirtió en un espectro llameante y atacó a los indefensos agentes de policía con su magia, convirtiéndolos instantáneamente en sendos amasijos de ceniza. Cometida la masacre, se volvió hacia Daniel, que había dejado de llorar y se limitaba a mirarla con ojos llenos de odio. Algo turbada por aquel cambio de actitud, ella le preguntó:

-¿Qué pasa, no te impresiona mi poder?

-Tu poder es impresionante, lo confieso. Pero ahora me doy cuenta de que cometiste un error al abrir una brecha entre este mundo y el Más Allá. Te olvidaste de que por esa grieta también podía pasar alguien con quien no contabas.

-¡Estupideces! ¿Crees acaso que no tomé medidas para evitar que volvieran a la vida Van Helsing, el doctor Seward o cualquier otro de mis viejos enemigos? Te aseguro que, además de tu madre, no resucitaron más personas.

-Pero es que no estoy hablando exactamente de personas.

Entonces Mister Poe, el cuervo parlante que había sido el principal aliado de Daniel antes de su trágica muerte, se arrojó sobre la sorprendida Lilith, que no esperaba un ataque semejante, y le laceró su bello rostro con su pico y sus garras. Además, había cortado a picotazos las cuerdas que ataban a Daniel mientras Lilith se divertía incinerando policías. Aprovechando que su enemiga estaba ocupada intentando desasirse del cuervo, Daniel recogió rápidamente su espada, con cuya punta atravesó el corazón de la bruja. Esta ni siquiera tuvo tiempo de emitir un grito de dolor, pues su cuerpo se convirtió instantáneamente en un montón de cenizas, como los policías a los que había asesinado.

-Mamá, ¿por qué no te quedas conmigo?

Ella suspiró tristemente y dijo, con aquella voz dulce que él tan bien recordaba:

-No puedo, cariño. Tú debes cumplir tu misión y yo solo sería un estorbo. Por eso debo volver al Más Allá, antes de que la brecha se cierre para siempre.

-¡Pero escucha! Ahora soy un vampiro de pura raza. Si bebes mi sangre, serás tan inmortal y poderosa como yo.

-Tu padre me hizo esa misma oferta antes de que nacieras y yo la rechacé. Ya es demasiado tarde para replantearme mi decisión.

Daniel intentó retener a su madre, pero esta le dedicó una última sonrisa llena de amor y se desvaneció en un rayo de luna.

El temible cazador de monstruos se sentó sobre una roca y se puso a llorar como un niño, igual que en aquella otra ocasión, hacía muchos años, mientras Mister Poe lo observaba compasivo desde lo alto de un peñasco.

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