Cuando Joel se metió en el Club de Ciencias del colegio, sus amigos al principio se rieron de él, pero dejaron de reírse cuando vieron que iba a ser el único miembro masculino de un club lleno de chicas guapas (hasta Miss Scott, la joven profesora encargada de dirigir las actividades, “estaba buena”). Entonces algunos, repentinamente interesados por la biología, hasta decidieron imitarlo, pero el aforo ya estaba completo, así que se quedaron con las ganas.
Cierta tarde primaveral Miss Scott reunió al club para hacer una excursión por la costa. El objetivo científico de dicha excursión era el estudio de los moluscos marinos, pero también habría tiempo para tomar el sol y bañarse. Tras una larga caminata por un sendero utilizado antaño por piratas y contrabandistas, Miss Scott, sus jóvenes pupilas y Joel llegaron a una pequeña cala rodeada de acantilados. Era aquel un lugar salvaje y solitario, pero también mucho más limpio y tranquilo que las masificadas playas de la ciudad. Cuando vio a Miss Scott y a sus compañeras en bikini, Joel (que, a sus trece años, estaba en plena edad del pavo) no pudo contener una erección y, como le daba vergüenza que alguien lo notara, nada más quitarse la camiseta se arrojó al agua y se alejó de la orilla nadando a toda prisa. Pero no podía dejar de pensar en los bellos cuerpos adolescentes de sus amigas, así que nadó y nadó sin darse cuenta de que se estaba alejando demasiado de la playa. Cuando ya estaba muy lejos se percató de que un tiburón galano se estaba acercando a él, aparentemente con malas intenciones. Sabiendo que no tendría tiempo de volver a tierra firma antes de que el tiburón lo alcanzara, se dirigió hacia un islote cercano, pero estaba cansado, tenía la corriente en contra y, pese a todos sus esfuerzos, el tiburón estaba cada vez más cerca.
Mientras tanto, Miss Scott y las chicas tomaban el sol en la playa, todas ellas ajenas al lío en el que se había metido el pobre Joel, salvo una muchachita llamada Amanda Martins. Resulta que Amanda había nacido con poderes de médium y podía invocar al alma de un difunto tocando algún objeto que le hubiera pertenecido en vida. Ella fue la única que se percató de que Joel tenía problemas, pero optó por no decir nada, para no asustar a las demás. Lo que hizo fue tocar el amuleto favorito de su familia, que en aquel momento ella llevaba consigo: era una vieja moneda de plata que había pertenecido al mismísimo Edgar Allan Poe. Amanda la usó para invocar al espíritu de Poe y hacer que poseyera el cuerpo de Joel. Resulta que el gran escritor estadounidense, antes de que la miseria y el vicio destruyeran su salud, había sido un gran deportista y sobre todo un excelente nadador, al igual que Lord Byron. Guiado por el alma de Poe, el cuerpo de Joel empezó a nadar mucho mejor que antes, venciendo con facilidad la fuerza de la corriente y sacándole ventaja al tiburón. De todas formas, cuando este vio que Joel-Poe (llamémoslo así) se estaba acercando al islote, dio media vuelta y se alejó rápidamente, como si algo lo hubiera asustado.
Una vez en el islote, el extenuado Joel-Poe se tumbó sobre el suelo limoso y se dijo:
-¡Ay, qué cansancio, esto es peor que una resaca! Si este islote es lo que sospecho, debería marcharme pronto, pero antes descansaré un poco, porque si no con este cuerpo tan débil jamás llegaría a la playa.
Algunos minutos después, Joel-Poe, sintiéndose recuperado, abandonó el islote y nadó hacia la orilla, pero cuando se acercó a la playa vio que algo grave había sucedido durante su ausencia. Resulta que unos criminales habían elegido aquel lugar apartado para esconder el botín de sus atracos y, cuando se toparon con Miss Scott y las chicas, las hicieron prisioneras para evitar que pudieran alertar a la policía. Tras atarlas y destrozar sus teléfonos móviles, empezaron a discutir entre ellos si debían marcharse a otra parte o si antes podían aprovechar la situación para “divertirse” con sus rehenes. Mientras tanto, Joel-Poe consiguió llegar a la orilla sin ser visto y aprovechó que los delincuentes estaban distraídos discutiendo para acercarse a las chicas y liberarlas, empezando por Amanda. Pero, cuando estaba desatando a su amiga, uno de los criminales se dio cuenta de su presencia y le ordenó que se detuviera a punta de pistola.
El jefe de la banda, al ver que se trataba de un chico, lo miró con desprecio y ordenó su muerte, pero Joel-Poe le dijo, con aparente serenidad:
-Les ruego que esperen un momento, caballeros. Mientras venía hacia aquí, encontré casualmente un viejo tesoro pirata. Si me matan, obviamente nunca sabrán dónde se encuentra.
-¿Un tesoro pirata? ¡Tú ves demasiadas películas, chaval!
-No sé muy bien qué es una película, pero sí sé que hoy en día no es fácil encontrar monedas como esta.
Joel-Poe les mostró a los delincuentes la vieja moneda de plata que, en previsión de una situación semejante, le había quitado discretamente a Amanda mientras intentaba desatarla. Aquella moneda parecía efectivamente proceder de un tesoro pirata y el jefe de la banda, tras algunas dudas, le dijo:
-De acuerdo, muchacho. Ahora vas a llevarnos al sitio donde encontraste esa antigualla. Si de verdad hay allí un tesoro, te perdonaremos la vida, pero si nos estás tomando el pelo…
-De acuerdo. Pero necesitaremos una embarcación para llegar al tesoro, porque está en un islote algo alejado de la playa.
-Eso no es problema, tenemos una lancha motora.
El jefe de la banda ordenó a Joel-Poe subir a la lancha y luego subió él mismo, acompañado por todos sus cómplices, salvo por uno que se quedó en la playa vigilando a las prisioneras. Joel los guio hacia el mismo islote donde se había refugiado cuando huía del tiburón y les dijo que encontrarían el tesoro si cavaban un poco en el limo. Los criminales clavaron sus palas en el suelo fangoso, pero entonces Joel-Poe se zafó de ellos y se arrojó al agua. Sus captores, viendo que estaba intentando huir, sacaron sus armas para acribillarlo, pero entonces el islote empezó a moverse como si fuera un ser vivo y todos los criminales cayeron al agua. Resulta que aquel supuesto islote, en realidad, era la cabeza de un kraken, un gigantesco monstruo marino, que se había despertado de su letargo cuando los criminales lo golpearon con sus palas. Joel nunca lo hubiera sospechado, pero Poe sí, pues él recordaba haber leído en su vida anterior los escritos de Olaus Magnus, un viejo erudito noruego que hablaba de los monstruos marinos y de la posibilidad de confundirlos con islas. El temor del tiburón a acercarse al presunto islote había confirmado sus sospechas, así que pudo tenderles una trampa a los delincuentes. Mientras estos, perdidas sus armas y su valentía, nadaban aterrorizados para huir del monstruo (que, afortunadamente, no parecía muy interesado en ellos), Joel-Poe, mucho más sereno, se acercaba a la orilla con envidiable rapidez.Al verlo, el hombre que se había quedado custodiando a las chicas sacó una pistola para pegarle un tiro, pero entonces alguien le dio un empujón, haciendo que perdiera el equilibrio. Joel-Poe aprovechó la oportunidad para derribar al delincuente mediante un buen puñetazo en pleno rostro (además de buen nadador, Poe también había sido un excelente púgil durante sus años juveniles).
Cuando Amanda era pequeña, su padre, que era agente del FBI, le había dado clases básicas de escapismo, gracias a las cuales fue capaz de desatarse ella sola, aprovechando que su vigilante estaba mirando al mar. Luego se acercó en silencio al distraído delincuente para empujarlo justo a tiempo de impedir que matara a Joel-Poe, quien, por otra parte, ya contaba con su ayuda.
Como ya estaba todo arreglado, el alma de Poe decidió volver al Más Allá y abandonó el cuerpo de Joel, que no entendía cómo había llegado allí, pues lo último que recordaba era que estaba nadando en el mar. A causa de su confusión, apenas fue capaz de decir:
-Amanda, ¿qué... qué ha pasado?
Amanda sonrió y le dijo:
-Lo que ha pasado es que acabas de rescatarnos, como un caballero andante. ¡Muchas gracias, Joel!
Dicho esto, Amanda besó cariñosamente a Joel, quien esta vez no pudo disimular su erección.





