Chica Fantasma (Nueva Versión)

El licántropo los destrozó a todos en cuestión de segundos, pero aún no estaba satisfecho y se acercó, con malignas intenciones, hacia su madre y su hermana, quienes, al estar atadas y amordazadas, no tenían ninguna oportunidad de huir. Pero, cuando el licántropo estaba a punto de matarlas, apareció la Chica de la Medianoche y usó su poder para matar a Ruy, tal como él mismo había aceptado pocos minutos antes. El cuerpo del licántropo se desvaneció en la nada, para que su alma fuera libre de viajar al Más A

Takuma era un adolescente japonés de corazón noble y bondadoso, pero que había nacido con una extraña peculiaridad: podía ver y oír a los muertos (no a todos, sino únicamente a aquellos cuyas almas habían sido condenadas a vagar eternamente, es decir, a los fantasmas). Aunque él mantenía oculto su don, los demás muchachos lo consideraban un bicho raro, pues a menudo lo veían “hablando solo” y solían tratarlo con desprecio. Su única amiga era Akane, una chica muy dulce y bondadosa, pero por desgracia iban a clases diferentes y no podían hablar con demasiada frecuencia. Sin embargo, Takuma encontraría una nueva amiga en el instituto. Para evitar el acoso de sus compañeros, se pasaba las horas libres en la azotea, donde conoció al fantasma de una chica que había muerto allí varios años antes. Aquella chica había hecho algo terrible antes de morir, por lo que nunca podría descansar en paz. Pese a ser, cada uno a su modo, dos seres tristes y solitarios, Takuma y la chica fantasma llegaron a ser buenos amigos y encontraron una extraña forma de felicidad en los momentos que compartían. Sin embargo, una mañana la chica fantasma encontró a Takuma más preocupado que de costumbre, así que le preguntó:

-¿Qué te pasa hoy, Takuma-kun? Estás muy nervioso... ¡como si hubieras visto un fantasma!

Takuma estaba demasiado embebido en sus pensamientos para pillar la ironía y se limitó a decir:

-Es que mañana Akane y yo vamos a ir juntos al bosque. Como se acerca el festival escolar, tenemos que recoger flores silvestres para adornar las aulas. Lo importante es que... ¡bueno, vamos a estar los dos solos!
-¿Y qué pasa entonces? ¡Ah, ya veo! A ti te gusta Akane y quieres aprovechar la ocasión para declararte.
-Bueno... sí. Pero es que será la primera vez que me declare a una chica y no sé bien cómo hacerlo. ¡Oye, onee-chan (hermanita o amiga en japonés)! ¿No podrías venir conmigo para echarme una mano? Con que me dictes lo que debo decirle, ya es suficiente.
-¡Uf, no sé! La última vez que me metí en un rollo semejante, la cosa acabó bastante mal.
-¡Por favor, onee-chan! Aunque la cosa salga mal, siempre te lo agradeceré.

Tanto insistió Takuma que finalmente la chica fantasma se ofreció a ayudarlo y al día siguiente lo acompañó al bosque. Sin embargo, no fueron necesarios sus consejos amorosos: cuando Takuma estaba apunto de declararse a Akane, cuatro desconocidos surgieron de la espesura y se arrojaron sobre los sorprendidos muchachos. Uno de los asaltantes narcotizó a Takuma cubriéndole el rostro con un paño impregnado de cloroformo, mientras sus cómplices agarraban a la indefensa Akane y la introducían a la fuerza en un vehículo todo terreno.
Cuando Takuma recobró la conciencia, ya era de noche y a su lado solo estaba la chica fantasma. Esta le dijo:

-¡Por fin despiertas, Takuma-kun! Ya me tenías preocupado, parecías más pálido que yo.
-Estoy bien, solo algo mareado... Pero, ¿y Akane? ¿Qué han hecho con ella?
-La han secuestrado. Se la llevaron en un todo terreno al templo abandonado de las montañas.
-¿Y cómo lo sabes?
-Los seguí mientras estabas dormido. Como se movían bastante deprisa, tuve que poseer el cuerpo de un pájaro para no perderlos de vista.
-¡Vaya, no sabía que pudieras hacer eso!
-Pues sí puedo. De hecho, todos los fantasmas podemos poseer un cuerpo vivo durante un pequeño lapso de tiempo. 
-Bueno, ahora lo más urgente es llamar a la policía. Pero... ¡Oh, no! ¡Me han quitado el móvil!Y la ciudad está muy lejos de aquí. ¿Qué puedo hacer entonces?
-Sabes dónde está Akane. Lo más rápido y seguro sería que fuéramos a rescatarla nosotros mismos.
-¿Y cómo? Yo no sé luchar y tú estás muerta. No somos superhéroes de anime, precisamente.
-Tranquilo, tengo un plan. Por ahora limítate a seguirme y ya te lo explicaré más tarde.

...
Mientras caminaban por el bosque hacia el viejo templo de las montañas, la chica fantasma le dijo a Takuma que la esperase durante unos minutos, mientras ella se acercaba a un cementerio abandonado que había en las cercanías. Volvió poco después, acompañada por el fantasma de un feroz samurái del siglo XIX, y le dijo al sorprendido Takuma:

-He estado hablando con Takeda-sama (el señor Takeda). Ha accedido a ayudarnos, pues una buena acción le permitirá limpiar su conciencia y acceder al descanso eterno. Cuando lleguemos al templo, él poseerá tu cuerpo y así podrás vencer a los malos.

El pobre Takuma intentó protestar ante lo que él consideraba un plan descabellado, pero no tuvo tiempo, pues el alma de Takeda penetró en su carne, transmitiéndole no solo su sabiduría marcial, sino también su valor y su determinación. 
Mientras tanto, los secuestradores habían encerrado a Akane en una cámara del templo. Pensaban usarla como rehén para chantajear a su padre, que era el juez encargado de procesar a varios miembros de la banda. Pero entonces apareció Takuma, convertido gracias al espíritu de Takeda en un verdadero guerrero samurái. Su única arma era un largo palo que había encontrado en el bosque, pero gracias a la depurada técnica de combate que le había transmitido Takeda podía manejarlo como si fuera una espada de kendo. Derribó sin problemas a tres de los delincuentes y, cuando el cuarto iba a apuñalarlo por la espalda, la chica fantasma lo avisó a tiempo. Gracias a su aviso, Takeda esquivó la puñalada y solo necesitó un golpe para dejar fuera de combate a su último adversario. Tras atar con los cordones de sus zapatos a los inconscientes secuestradores, Takeda sintió que Takeda abandonaba su cuerpo para partir hacia el reposo eterno en la Tierra Pura. Pero ya no lo necesitaba, así que liberó sin problemas a Akane, quien, aunque había pasado mucho miedo, estaba sana y salva. 

Llamaron a la policía con el móvil de uno de los secuestradores y, mientras los agentes tomaban declaración a Akane, Takuma se apartó para hablar con la chica fantasma, que le pareció extrañamente triste.

-Y tú, onee-chan, ¿por qué no te has ido a la Tierra Pura con Takeda-sama? También has hecho una buena acción, así que tus faltas del pasado deberían haberse borrado, al igual que las suyas.

Ella le dedicó una sonrisa melancólica y respondió:

-Ninguna buena acción puede borrar las faltas del pasado. Te he mentido: si Takeda puede descansar en paz es porque hice un pacto con él. A cambio de su ayuda, yo absorbí todos sus pecados para liberarlo de su condena.
-Pero, ¿qué te pasará a ti ahora?
-Estaré doblemente condenada y seré menos que un fantasma. Pronto ni siquiera tú podrás verme ni oírme, ni siquiera te acordarás de mí. Pero yo jamás te olvidaré. ¡Hasta siempre, Takuma-kun!
-¡No te vayas, por favor, onee-chan! ¡Eres mi mejor amiga!

Entonces Akane, sorprendida por el grito de Takuma, se acercó a él y le preguntó:

-¿Con quién hablabas, Takuma-kun? Aquí no hay nadie.

Takuma se mantuvo confuso durante unos segundos y luego dijo:

-No… no sé. Creo que había alguien aquí, pero no recuerdo quién era.

Efectivamente, Takuma había perdido toda memoria de la chica fantasma, que se apartó de él y empezó a caminar por el bosque, mientras sus ojos muertos lloraban amargas lágrimas de tristeza. Se dijo:

-Ojalá Takuma sea feliz con Akane. Pero yo estaré sola para siempre.

Entonces apareció a su lado el alma de Takeda. La chica fantasma, sorprendida, le preguntó:

-¿Cómo es que está aún en este mundo, Takeda-sama? ¿No se había ido a la Tierra Pura?

El samurái le respondió con una dulzura poco habitual en él:

-Sí, pero he vuelto momentáneamente para darte algo. Aunque las almas condenadas no podéis ascender a la Tierra Pura, las almas inocentes sí pueden bajar al mundo material cuando lo desean. Cuando llegué al Paraíso, me encontré con un alma pura que deseaba conocerte, pero que no sabía dónde encontrarte, así que la he guiado hasta ti.
-¡No lo entiendo! ¿Qué alma pura querría conocer a alguien como yo?

Entonces apareció el espíritu de un niño pequeño, que se arrojó sonriente entre los brazos de la sorprendida chica fantasma. Esta, estupefacta, le preguntó a Takeda:

-Pero, ¿quién es este niño? ¡Nunca lo había visto ni sé cómo se llama!

El samurái sonrió y le dijo:

-Puedes llamarlo como quieras, pues es tu hijo: el alma del niño que llevabas en tus entrañas cuando moriste. Ahora debo volver a la Tierra Pura, pero creo que él prefiere quedarse contigo. Espero que seáis muy felices juntos.

La chica fantasma, llorando de nuevo (pero esta vez de alegría), abrazó al niño, que también se sentía muy feliz al lado de su madre, y le dijo:

-¡Así que era verdad! ¡Mi niño querido! ¡Nunca más volveré a estar sola!

Y así, del mismo modo que algunos conocen la desgracia sin necesidad de ir al Infierno, en esta ocasión alguien alcanzó la felicidad sin necesidad de ir al Cielo.

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