Sueños

A veces los muros invisibles que sirven de frontera entre la realidad y la fantasía se resquebrajan por razones desconocidas, permitiendo que seres (o no-seres) procedentes del mundo de los sueños invadan nuestro mundo. Una noche todos los durmientes del planeta tuvieron la misma pesadilla: un monstruo terrible surgía de las tinieblas para exterminar a la raza humana. Y de algún modo esa criatura consiguió penetrar en el mundo que llamamos real, pues al día siguiente la gente comprobó, horrorizada, que la p

A veces los muros invisibles que sirven de frontera entre la realidad y la fantasía se resquebrajan por razones desconocidas, permitiendo que seres (o no-seres) procedentes del mundo de los sueños invadan nuestro mundo.
Una noche todos los durmientes del planeta tuvieron la misma pesadilla: un monstruo terrible surgía de las tinieblas para exterminar a la raza humana. Y de algún modo esa criatura consiguió penetrar en el mundo que llamamos real, pues al día siguiente la gente comprobó, horrorizada, que la pesadilla se había hecho realidad, del mismo modo que a veces la realidad puede convertirse en una pesadilla. El monstruo no podía ser detenido por nada ni por nadie, pues, en su esencia, seguía siendo un ser del mundo de los sueños, de modo que las armas de nuestro mundo no podían destruirlo. En cambio, él sí podía destruir todo lo que encontraba a su paso, pues, en el fondo, todas las cosas que consideramos reales (incluidos nosotros mismos) somos más frágiles y fantasmales que las imágenes del mundo de los sueños.
El ministro de Defensa no había tenido tiempo de desplazarse a su despacho y se hallaba en su propia casa, coordinando la defensa de la ciudad por vía telefónica. Mientras él se mantenía en contacto con los líderes militares, entró en el salón su hija, la pequeña Laura, que le dijo:

-Papi, ¿puedo poner la tele? Es que va a empezar la serie de Magical Girl: Kokoro Sweet (así se titulaba el anime favorito de la niña).

-¡Cállate! ¡No, general, por supuesto que no se lo he dicho a usted! Ocúpese de detener a esa cosa sea como sea, antes de que se acerque al perímetro urbano.

-Pero, papi, ¿puedo poner la tele o no?

-¡Que te calles de una vez, Laura! ¿Qué me está diciendo usted, general? ¿Que las balas no le hacen nada al monstruo? ¡Ridículo! Un ser capaz de aplastar un edificio no puede estar hecho de aire. ¡Sigan disparando!

-¡Pero, papi...!

-¡A tu cuarto! Y usted, general, ordene intensificar el fuego hasta que el monstruo reviente en pedazos.

La pobre Laura se fue llorando a su cuarto, mientras su padre no dejaba de recibir malas noticias, pues todos los esfuerzos del ejército para detener al monstruo resultaron completamente infructuosos. Y, cuando ya estaba empezando a plantearse la evacuación de la capital, el ministro recibió una nueva y sorprendente noticia:

-¿Que el monstruo por fin ha sido destruido? ¡Felicidades, general! ¿Cómo, que no han sido ustedes? ¿Que fue desintegrado por un rayo de color rosa? General, su informe no tiene ni pies ni cabeza. Pero la ciudad y el mundo están a salvo, que es lo que importa.

Entonces Laura volvió al salón, bostezando y con los ojos legañosos. Al verla, su padre le preguntó:

-Laura, ¿ya has hecho los deberes?

-¡Papá, que hoy es domingo y no tengo deberes! Me aburría tanto en mi cuarto que me quedé dormida. Entonces soñé que yo era Magical Girl: Kokoro Sweet y que mataba al monstruo con mi Rayo Rosa Super-Mágico.

Entonces el ministro comprendió la verdad: que un monstruo del mundo de los sueños solo podía ser destruido por algo que también viniera del mundo de los sueños.

 

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