Cuenta la leyenda que el célebre corsario escocés William Kidd visitó una isla japonesa, donde decidió ocultar parte de sus riquezas. Parece ser que las escondió en una cueva, no sin antes exterminar a todos los habitantes de la isla. Pero el capitán Kidd jamás pudo recuperar su tesoro, pues fue ahorcado por piratería en el año 1701. Aunque, de ser cierta la leyenda, el tesoro de Kidd debería seguir en la cueva, muy pocos han osado entrar allí para buscarlo, pues se dice que ese lugar está embrujado, tanto por los fantasmas de los isleños asesinados como por un monstruo de aspecto felino, el Bakeneko o gato-vampiro.
…
En aquella isla vivía un niño de catorce años llamado Yuki, que parecía un muchacho completamente normal, pero que había nacido con la facultad de ver fantasmas. Yuki había descubierto su poder siendo muy pequeño, poco después de que Seiko, su hermana mayor, muriera asesinada en trágicas circunstancias. Una noche estaba llorando en su cuarto, pensando que había perdido para siempre a su querida one-chan (hermanita), pero entonces esta apareció ante sus ojos (y solo ante los suyos) para consolarlo. Yuki se sintió muy contento cuando se dio cuenta de que Seiko aún estaba viva para él, pero pronto comprendió que debía mantener sus poderes en secreto, pues de lo contrario todo el mundo (incluida su propia familia) lo tomaría por loco.
Por su parte, Seiko quería mucho a Yuki, al que había cuidado cuando era pequeño, especialmente después de que sus padres se separaran, y procuraba estar a su lado siempre que podía, aunque eso le impidiese reposar tranquilamente en el Más Allá.
Una tarde, tuvo lugar una reunión del Club de Cine del instituto, del cual Yuki era un miembro especialmente asiduo, más que nada porque la presidenta de dicho club era Kokoro, la chica que le gustaba. En aquella reunión la bella Kokoro les dijo a sus compañeros:
-Chicos, ya sabéis que hay un concurso de cine de terror amateur y creo que podríamos participar. Mis padres me han regalado una videocámara último modelo y me gustaría estrenarla con la película. Por otra parte, el profesor de literatura, Kagoshima-Sensei, ha tenido la amabilidad de escribir un magnífico guion basado en la leyenda del gato-vampiro. Pero antes de nada tendríamos que grabar algunas escenas en el interior de la cueva embrujada. Eso podría hacerlo yo hoy mismo, pero necesito que me acompañe al menos un actor. Venga, ¿hay algún chico valiente en el club?
A los compañeros de Kokoro no les entusiasmaba la idea de entrar en aquella cueva encantada, pues, aunque las viejas leyendas pudieran ser simples cuentos de viejas, era cierto que varias personas habían entrado allí para no volver. Por ese motivo solo Yuki, en un arrebato de valor, levantó la mano para ofrecerse como voluntario. Seiko, que estaba a su lado, le dijo:
-Vaya, Yuki-chan, te has vuelto muy valiente de repente. Antes te daba mucho miedo acercarte a esa cueva. Eres de los pocos que aún creen en el gato-vampiro.
Yuki le respondió en voz baja, para que nadie notara que estaba hablando con un ser que solo él podía ver:
-Es que… precisamente por eso no puedo dejar que Kokoro se meta sola en ese sitio. Alguien debe estar a su lado para protegerla.
-Vamos, que estás enamorado de ella.
-¡No es verdad! Solo quiero protegerla, eso es todo.
-Y la protegerás muy bien, porque veo que vas armado.
-¿Cómo? ¿A qué te refieres?
-A que se te ha formado un bulto en la entrepierna tan grande como si llevaras un lanzacohetes en el bolsillo.
Yuki, instintivamente, se llevó las manos a su pene en erección y, cuando vio que todos lo estaban mirando extrañados, se puso colorado y dijo:
-Esto… es que debo ir al baño… una urgencia. ¡Espérame un minuto, Kokoro-chan!
Y Yuki salió rápidamente, rojo como un tomate, sudando como un perdido y lamentando que su querida hermana no tuviera un cuello de carne y hueso para poder estrangularla.
…
Sabiendo que su hermano querría estar solo con Kokoro y que no le perdonaría la broma del lanzacohetes durante algún tiempo, el espíritu de Seiko prefirió no acompañarlo a la cueva y se quedó esperándolo en su casa. Pero llegó la noche y ni Yuki ni Kokoro habían retornado al pueblo. Sus padres y hermanos decidieron ir a buscarlos, pero necesitarían ayuda para registrar una cueva tan profunda y nadie quiso acompañarlos a un lugar supuestamente maldito en plena noche. En cuanto a la policía, se ofreció a enviar un equipo de rescate desde la ciudad, pero aún tardaría varias horas en llegar y quizás los desaparecidos no pudieran esperar tanto. Seiko, inquieta por la suerte de Yuki, también decidió ir en su busca. Siendo un espíritu, no le costó nada alcanzar profundidades casi inaccesibles para una persona de carne y hueso. No encontró ni rastro de su hermano ni de Kokoro, pero sí se topó con otro fantasma, el de un pescador asesinado por los hombres de Kidd hacía más de tres siglos. Seiko le preguntó:
-Disculpe, señor, ¿ha visto pasar por aquí a un chico y a una chica de unos catorce años? Me refiero a chicos de carne y hueso.
El viejo pescador le respondió:
-Los he visto. Entraron en la cueva para hacer no sé qué con un aparato muy raro, pero entonces apareció un hombre malvado, que lleva muchos años buscando el tesoro de Kidd y que, como tras numerosos fracasos ha perdido el juicio, secuestra y asesina a todos los que osan entrar aquí, para que no encuentren el tesoro antes que él.
-¡Dios mío! Pero aún tienen que estar vivos, si no yo lo sabría.
-Aún están vivos, sí, pero no por mucho tiempo. El secuestrador piensa ahogarlos en un lago subterráneo cuando suba la marea.
-Y, si usted sabía de ese hombre, ¿por qué no avisó a mi hermano?
-¿Cómo podría hacerlo? Él aún está vivo, así que no puede vernos ni oírnos.
-¡Sí que puede! Yuki-chan siempre ha podido vernos.
-Vaya, ¿así que tu hermano nació con ojos de gato? Porque, según las leyendas, los gatos son los únicos animales que pueden ver fantasmas.
-¡Es cierto! Y eso me sugiere una idea. Por favor, dado que usted parece conocer bien esta cueva, ¿podría decirme dónde se oculta el gato-vampiro?
Siguiendo las indicaciones del pescador, Seiko llegó a la guarida del monstruo, que, a falta de un alimento más sustancioso, estaba mordisqueando unas espinas de pescado. La chica fantasma se plantó delante de él y le dijo:
-Hola, gatito lindo, ¿verdad que tienes hambre? Pues mira qué buena estoy. No me digas que no estoy como para comerme de un bocado.
El gato-vampiro, que llevaba mucho tiempo deseando comer carne humana, vio a Seiko con sus ojos de felino y se arrojó sobre ella, pero, como se trataba de un espíritu, no pudo atraparla ni hacerle daño. Sin embargo, no se dio por vencido y empezó a perseguirla rabiosamente por las galerías de la caverna, rumbo al lugar donde Yuki y Kokoro esperaban una muerte cruel a manos de su secuestrador. Este los había atado a unas rocas, de forma que murieran ahogados cuando las aguas del lago subieran impulsadas por la pleamar. Ambos estaban muy asustados, pero aquel hombre siniestro, que no pensaba quitarles el ojo de encima hasta verlos morir, aún se asustó más cuando el gato-vampiro, atraído por Seiko, hizo su aparición y, olvidándose de aquella chica tan escurridiza, se arrojó sobre él con la evidente intención de devorarlo. El hombre huyó hacia las profundidades de la cueva, pero el gato no dejó de perseguirlo y pronto ambos desaparecieron en la oscuridad. Yuki y Kokoro seguían aterrorizados, pero Seiko se acercó a su hermano y le dijo:
-Papá y los padres de Kokoro están en la cueva, buscándoos. Si gritáis con fuerza los dos a la vez, seguramente os oirán. Pero debéis hacerlo pronto. Por ahora el gato-vampiro está ocupado con el secuestrador, pero sabe dónde estáis y en cualquier momento puede apetecerle tomar el postre.
Atraídos por los gritos de los niños, sus padres llegaron allí a tiempo para liberarlos. Afortunadamente, el gato-vampiro, satisfecho con la carne del secuestrador o asustado por las luces de las linternas, no apareció de nuevo, por lo que todo terminó bien para ellos. Mientras tanto, Seiko se había reencontrado con el fantasma del pescador, al que, tras agradecerle su ayuda, le preguntó:
-Y, por cierto, ¿dónde está el famoso tesoro de Kidd?
-La verdad es que Kidd nunca trajo aquí ningún tesoro. Solo vino a esta isla para liberar a sus mascotas, unas panteras negras de la India que no podía llevarse consigo a Escocia. El gato-vampiro desciende de ellas.
-Vaya, así que, en cierto modo, el gato-vampiro era el verdadero tesoro de Kidd y el secuestrador, después de tantos años, finalmente consiguió encontrarlo. Cuando se encuentre con su fantasma, felicítelo de mi parte.





