Cuenta la leyenda que una vez, hace muchos años, Drácula, señor de los vampiros, plantó su semilla maldita en el vientre de una mujer mortal, dando origen a una estirpe de seres híbridos, condenados a vagar eternamente por un camino sangriento que no conducía hacia ninguna parte.
…
Aquel bosque de Nueva Inglaterra podría parecer completamente virgen, de no ser por algunas granjas abandonadas y por una pista forestal muy poco transitada. La comarca, nunca muy poblada, había quedado prácticamente desierta varios años antes, después de que el reverendo Hope desapareciera misteriosamente junto con toda su familia, tras haber acusado a varios vecinos de ofrecer sacrificios humanos a un demonio pagano sin nombre. Desde entonces casi todo el mundo evitaba aquellos bosques, donde se decía que seguían realizándose ritos sangrientos en honor de las fuerzas oscuras. Pero aquella fría tarde otoñal caminaba por el arcén de la pista un hombre sombrío y desaliñado, cuyo único compañero era un peculiar cuervo parlante que revoloteaba a su lado. Como en aquellas soledades no había oídos indiscretos, el cuervo hablaba libremente, mostrando más locuacidad que aquel hombre taciturno:
-Realmente, Daniel, no pensé que perderías tan pronto los cien mil dólares que ganaste con el asunto de Canadá. Ya contaba con que te gastarías una buena parte para comprar tu nuevo juguete, pero me sorprendió que donaras el resto a un albergue.
-Pues lo hice y no me arrepiento. En la era de Internet aún hay mucha gente que no tiene una cama donde dormir ni puede comer caliente todos los días.
-Ya… gente como tú, por ejemplo. Seguro que ahora mismo no te queda ni un centavo.
Daniel sonrió, cosa que hacía en muy raras ocasiones, y dijo:
-¡Vaya! Para haber sido un poeta romántico en su vida anterior, le preocupa mucho el dinero, Mister Poe.
-Es que no solo fui un poeta romántico, sino también (y sobre todo) un poeta pobre. Por cierto, ¿estás seguro de que en este bosque se oculta algo maligno? A mí me parece un lugar muy pacífico.
Daniel dejó de sonreír y respondió:
-Mi sexto sentido nunca me engaña. Aquí se oculta una forma de maldad, que abarca tanto lo humano como lo sobrehumano. Además, están esas marcas en el suelo.
Sobre el fangoso suelo de la pista se distinguían señales de que un enorme camión había pasado por allí recientemente. Sobre los arcenes se veían matorrales aplastados o con las ramas rotas, lo cual demostraba que aquel vehículo apenas cabía en la calzada, lo cual posiblemente había ralentizado su marcha. No era imposible que algún camión de ganado pasara por allí rumbo a alguna de las pocas granjas de la región que aún funcionaban, pero Daniel había venteado el aire sin captar el inconfundible y persistente olor que tales camiones dejan a su paso. Por eso estaba seguro de que aquel misterioso vehículo tenía algo que ver con la amenaza que percibía en el ambiente. Como aquella sensación se hacía cada vez más fuerte, Daniel hizo callar a Mister Poe con un gesto y empuñó el “nuevo juguete” del que había hablado el cuervo: una impresionante espada japonesa, preparada para matar hombres y monstruos.
La pista terminaba en un extenso pastizal, donde varios caballos salvajes pacían en torno a un estanque de aguas oscuras. El camión se había detenido junto al estanque y dos hombres de mal aspecto (posiblemente los conductores) sacaron de la cabina a varias personas atadas y amordazadas. Estas sumaban diez en total, siendo la mitad mujeres y el resto niños de ambos sexos. Cuando los indefensos prisioneros fueron sacados del camión, uno de aquellos hombres se acercó al estanque y dijo algo en una lengua desconocida. Entonces las aguas del estanque se agitaron súbitamente, pese a que no hacía ningún viento, y algo horrible salió a la superficie, para terror de los secuestrados y satisfacción de los secuestradores. Sería casi imposible describir aquella cosa abominable e informe, pero desde luego tenía innumerables tentáculos, que reptaban como sanguijuelas en busca de alimento.
Pero Daniel apareció oportunamente y cortó de un solo tajo el tentáculo que estaba más cerca de alcanzar a los prisioneros. Uno de los secuestradores sacó una pistola e intentó disparar contra el entrometido, pero Mister Poe lo atacó desde el aire y le laceró el rostro a picotazos. Aquel hombre, loco de dolor, soltó su arma y, tras dar varios pasos a ciegas, fue atrapado por la abominación que había invocado. Aquellos tentáculos se enroscaron rápidamente alrededor de su cuerpo y en un segundo le absorbieron el alma, quedando su organismo convertido en un cascarón vacío, sin vida ni apenas forma humana. Mientras tanto, Daniel seguía cortando con su espada los tentáculos que amenazaban a los prisioneros, aunque eran tantos que hasta a alguien tan rápido como él le costaba mucho esquivarlos. Sin embargo, acaso lo hubiera conseguido, si el otro secuestrador no se hubiera arrojado sobre él con un cuchillo en la mano. Daniel y su enemigo cayeron al suelo, donde forcejearon durante unos segundos, hasta que ambos fueron atrapados por los tentáculos del monstruo. El secuestrador sufrió el mismo destino que su compañero y Daniel permaneció inconsciente durante unos instantes, pero después se despertó bruscamente. Se irguió y todos los presentes vieron que sus facciones ya no eran las mismas. Su palidez se había acentuado y sus melancólicos ojos negros se habían vuelto rojos como las llamas del Averno. Pero lo peor de todo era que sus dientes se habían alargado terriblemente, dándole a su rostro un aspecto tan siniestro que hasta la criatura del estanque pareció asustarse al verlo. Por su parte, Daniel se mantenía vacilante, como si dudase entre atacar al monstruo o arrojarse sobre las indefensas personas que se hallaban a su merced. Mientras tanto, Mister Poe, que revoloteaba a prudente distancia de ambos contendientes, se dijo:
-Mal asunto: ese monstruo ha absorbido el alma humana de Daniel, por lo que ahora su cuerpo se halla dominado exclusivamente por su alma de vampiro. Ahora es más fuerte, pero también más peligroso para las personas inocentes. Creo que tendré que intervenir una vez más.
El cuervo cayó en picado sobre el monstruo del estanque y, esquivando por la mínima sus tentáculos, le propinó un picotazo en la frente. De la pequeña herida surgió la oscura sangre del monstruo, cuyo olor fue rápidamente captado por el sensible olfato del vampiro. Entonces tuvo lugar otra rápida y horrenda transformación: una rabia ancestral, estimulada por el olor de la sangre, convirtió a Daniel en un lobo gigante, que se arrojó sobre el monstruo del estanque y, tras destrozar sus tentáculos a mordiscos, lo mató en cuestión de segundos. Cuando el lobo bebió la sangre del monstruo, Daniel reabsorbió su alma humana, lo cual le permitió recuperar su forma normal y su cordura.
Aún se sentía bastante confuso, así que recogió su espada y se alejó sin decir nada. Ni siquiera se detuvo para desatar a los prisioneros (los cuales, por otra parte, estaban tan asustados que agradecieron su marcha más de lo que hubieran agradecido su liberación). Mister Poe se posó sobre su hombro izquierdo y le dijo:
-De una forma u otra, siempre acabas ganando, Daniel. Pero, ¿qué es lo que ganas?
-Pues algo que me hace mucha falta, teniendo en cuenta que debo marcharme de aquí cuanto antes.
Daniel se acercó al único caballo que había permanecido en el pastizal, pues todos los demás habían huido cuando apareció el monstruo. Lo acarició y le dijo:
-Eres muy valiente, amigo, y también estás muy solo. Creo que nos llevaremos bien.
Dicho esto, Daniel se montó sobre la grupa del caballo y se alejó de allí, siguiendo un camino sangriento que no conducía hacia ninguna parte.





