Joel Martínez era un muchacho hispano-estadounidense de quince años y estaba enamorado en secreto de una atractiva compañera de clase, que se llamaba Amanda Martins y era hija de un prestigioso agente del FBI. Sin embargo, Amanda también guardaba un secreto que Joel no podía ni imaginarse: había nacido con grandes poderes de médium. Solo necesitaba tocar algún objeto que hubiera pertenecido a un difunto para invocar su espíritu, obtener información de él o incluso proyectarlo hacia un cuerpo vivo, para que lo poseyera durante un tiempo limitado. Por supuesto, ella evitaba manifestar en público sus poderes y su vida cotidiana era la de una chica normal.
…
Amanda ignoraba lo que Joel sentía por ella, pero le tenía mucho cariño y le gustaba estar con él. Cuando salía de excursión con su padre invitaba a Joel a acompañarlos y este, por supuesto, aceptaba, aunque solo fuera por estar cerca de su amada.
Durante una de aquellas excursiones el agente Martins, Amanda y Joel llegaron a una salvaje zona de acantilados, muy alejada de la ciudad. Mientras Amanda y su padre contemplaban el paisaje, Joel vio una manada de ballenas retozando en la bahía y, como quería hacerles una buena foto, se acercó a la orilla por un sendero casi impracticable, que en otros tiempos habían usado piratas y contrabandistas. Entonces sonó un disparo y una bala rozó el hombro del muchacho, que, asustado, perdió el equilibrio y cayó al mar. Milagrosamente no se mató en la caída, pero se vio en una situación muy peligrosa, a causa del fuerte oleaje y de la resaca que amenazaba con arrastrarlo hacia alta mar. Había que ser muy buen nadador para llegar a la orilla y Joel no lo era. Entonces Amanda tuvo una idea y le dijo a su padre:
-¡Rápido, papá, dame la moneda de plata!
Amanda se refería al amuleto favorito de su padre, un viejo dólar de plata que, según la leyenda, había sido la única moneda encontrada entre los andrajos de Edgar Allan Poe el día de su muerte. Cuando la tuvo en sus manos, Amanda se concentró e invocó al espíritu de Poe para proyectarlo hacia el cuerpo de Joel. Cualquier amante de la literatura fantástica sabe que Poe fue un gran maestro del género, pero muchos ignoran que, antes de que la pobreza y el alcohol minaran su salud, también fue un gran deportista y, sobre todo, un excelente nadador, al igual que Lord Byron. Aquellas uniones espirituales creadas por Amanda solían durar muy poco tiempo, pero en esta ocasión la muchacha concentró en la operación todo su poder, para que el alma de Poe permaneciera en el cuerpo de Joel más de lo habitual.
Entonces tuvo lugar una peculiar conversación dentro del cerebro del muchacho:
-¡Oiga! ¿Quién es usted y qué está haciendo en mi cabeza?
-Pues soy Edgar Allan Poe. ¿Es que nunca has oído hablar de mí?
-Sí, claro, estudio literatura... ¡Pero se supone que usted está muerto!
-Y tú también lo estarás si no llegamos a la orilla, así que cállate y déjame el control de tu cuerpo, que yo te enseñaré a nadar como Dios manda.
-Bueno, espero que sea cierto…
Tras arduos esfuerzos, Joel-Poe (o sea, el cuerpo de Joel con el alma de Poe) consiguió llegar a la orilla y se tendió sobre una roca para descansar un poco, mientras sus dos mentes se decían lo siguiente:
-¡Dios, qué cansado estoy! ¡Nunca me había sentido peor!
-¡Se nota que no sabes lo que es un delirium tremens! Y seguro que ahora mismo tus amigos están en peor situación que nosotros.
-¿Por qué lo dice?
-Seguro que quien te disparó tampoco tenía muy buenas intenciones hacia ellos. Así que deja de quejarte y levántate, tenemos un enorme acantilado que escalar y una dama en apuros a la que rescatar.
…
Mientras tanto, Amanda y su padre habían sido capturados por un peligroso criminal llamado Klaus Nessler, quien había aprovechado la soledad de aquel lugar para tenderles una emboscada. Nessler conocía el secreto de Amanda y quería utilizar sus poderes para dominar el mundo. Mientras sus hombres ataban y amordazaban a Martins, Nessler le dijo a la muchacha:
-Si no quieres ver morir a tu padre, tendrás que poner tus poderes a mi servicio. Invocarás a los antiguos hechiceros y me revelarás todos sus secretos.
Aunque pálida como una muerta, Amanda le sostuvo valientemente la mirada y le dijo:
-Aunque quisiera obedecerte, no podría. He perdido mis poderes para siempre.
Y era cierto: Amanda había tenido que sacrificar todo su poder para salvar la vida de Joel, por lo que se había convertido en una chica normal. Nessler la miró con recelo, como preguntándose si estaría mintiendo, y llamó a su hija, la pequeña y cruel Magda Nessler, que tenía dotes de telépata. Esta se concentró y luego le dijo a su padre:
-La chica dice la verdad. Ha perdido todos sus poderes.
-Entonces ya no nos sirve para nada, ni su padre tampoco.
-Pero podríamos usarlos para divertirnos un poco. ¡Jo, papi, dado que ya estamos aquí…!
-Como quieras, cariño.
Nessler ordenó que Amanda y su padre permanecieran atados y amordazados, mientras Madga discurría qué hacer con ellos.
Pero entonces apareció Joel-Poe, a quien todos habían dado por muerto. Parecía extrañamente sereno, aunque las dos almas que convivían dentro de su mente estaban inmersas en un nuevo rifirrafe psíquico:
-Señor Poe, usted ya está muerto y esto le parecerá muy divertido, pero le recuerdo que este cuerpo es mío y no quiero que me lo acribillen a balazos.
-Tú cállate y déjame hablar a mí.
-Vale, espero que sepa lo que hace.
Nessler, que solo veía en Joel-Poe a un muchachito indefenso, le dijo con desprecio:
-Hubieras hecho mejor quedándote en el mar, pobre imbécil. Haremos de ti un colador.
Pero Joel-Poe no se asustó, al menos en apariencia y sacó del bolsillo un objeto brillante. Era la misma moneda de plata que Amanda había usado para invocar a Poe. La muchacha la había perdido cuando fue capturada por los criminales, luego Joel-Poe la encontró y la recogió con el fin de engañar a Nessler.
-Esta moneda procede de un tesoro pirata que encontré mientras escalaba el acantilado. Si libera a los Martins, le diré dónde está ese tesoro. Pero, si me mata o les hace daño a mis amigos, nunca podrá encontrarlo.
Nessler le susurró a su hija:
-Esa moneda parece antigua, así que quizás ese niñato esté diciendo la verdad. Pero, por si acaso, introdúcete en su mente y comprueba si la historia del tesoro es cierta o un simple farol.
Magda hizo lo que le había dicho su padre, pero cuando se introdujo en la mente de Poe se encontró con todos los horrores creados por su imaginación: gatos fantasmales procedentes del Infierno, vísceras ensangrentadas que seguían palpitando después de la muerte, bestias sedientas de sangre, muertos que abandonaban la tumba para atormentar a los vivos... Incapaz de soportar semejante aluvión de pesadillas, Magda palideció y cayó al suelo desmayada. Entonces Nessler miró furioso a Joel-Poe y le dijo:
-¿Qué le has hecho a mi niña, miserable? ¡Te despellejaré vivo por esto!
Sin perder la calma, Joel-Poe le contestó:
-Si me mata, su niña nunca se recuperará y acabará en un manicomio. Pero, si libera a mis amigos, pronto volverá a la normalidad. Tiene mi palabra de caballero de Virginia.
-¿Caballero de Virginia? ¡Tú sí que deberías estar en un manicomio!
-Ya me han llamado loco tantas veces que no le tendré eso en cuenta. Le aseguro que, si nos deja en paz, su hija pronto recuperará la cordura.
Nessler, aunque furioso, aceptó el trato: recogió a su hija y se retiró junto con todos sus hombres. Cuando el terreno estuvo despejado, Joel-Poe abrazó a Amanda, le quitó la mordaza… y le dio un largo beso en los labios.
(-¡Señor Poe!!! ¿Pero cómo se le ocurre...?
-Es que, si no te impulso, tú nunca te hubieras atrevido, pedazo de imbécil. Venga, quédate con la chica, que yo tengo que volver al Más Allá.)
Cuando Joel (esta vez solo Joel) terminó de liberar a Amanda y a su padre, la muchacha, visiblemente emocionada, le dijo:
-Joel, no sabía que... bueno, que yo te gustara tanto. Pero, ¿sabes una cosa? Cuando te vi en peligro, comprendí... que tú también me gustas mucho.
A continuación, Joel y Amanda se dieron un nuevo beso, bajo las cariñosas miradas del agente Martins y de un viejo fantasma que los observaba desde el Cielo.





