Una sonriente mañana de agosto tres adolescentes se acercaron a una pequeña playa de la costa atlántica estadounidense, donde podrían tomar el sol y darse un baño antes de volver a la ciudad para el almuerzo. Integraban aquel grupo una atractiva quinceañera llamada Amanda Martins, su amiga April, que también era muy guapa, y un primo de esta, Joel, que solo tenía catorce años. A este, que se hallaba en plena edad del pavo, le gustaba mucho Amanda, pero la muchacha ignoraba completamente sus sentimientos. Por otra parte, Joel también ignoraba algo: que Amanda había nacido con poderes de médium y podía invocar a cualquier espíritu del Más Allá tras tocar algo que le hubiera pertenecido en vida.
…
Una vez en la playa, las chicas decidieron tomar el sol antes de bañarse. Cuando Joel vio a Amada en bikini, sufrió uno de esas erupciones hormonales propias de la adolescencia y, para que nadie notara su estado de erección, se arrojó al agua, pese a que aún estaba bastante fría. Empezó a nadar sin pensar a donde iba, porque en aquel momento Amanda ocupaba todos sus pensamientos y, cuando se dio cuenta, ya estaba bastante lejos de la playa. Iba a dar la vuelta cuando sobre la superficie del mar apareció una siniestra aleta triangular. Aquella aleta pertenecía a un tiburón galano, que parecía muy interesado en el incauto muchacho. Como la orilla estaba demasiado lejos, Joel empezó a nadar con todas sus fuerzas hacia un islote cercano, pero estaba cansado, tenía la corriente en contra y el tiburón recortaba distancias inexorablemente. Entonces Amanda se dio cuenta de que Joel se hallaba en peligro y, aunque permaneció callada para no preocupar a April (quien seguía tumbada tranquilamente sobre la arena, sin enterarse de nada), decidió usar sus poderes en favor del muchacho. Tocó el amuleto preferido de su familia (una vieja moneda de plata que había pertenecido a Edgar Allan Poe) e hizo que el espíritu de Poe poseyera temporalmente el cuerpo de Joel. Es sabido que aquel gran escritor fue un gran deportista en su juventud, antes de que la pobreza y el alcohol estragaran su cuerpo, y sobre todo un excelente nadador, al igual que Lord Byron. Cuando Poe entró en el cuerpo de Joel, comprendió rápidamente los deseos de Amanda y empezó a nadar hacia el islote con su mejor técnica, la misma que le permitió remontar ocho millas a contracorriente en el río James de Virginia, cuando él mismo también era un adolescente. Gracias a un despliegue de energía, Joel-Poe (llamémoslo así) puso sus pies sobre el islote justo a tiempo de evitar la acometida del tiburón. Como estaba agotado, se tumbó sobre las rocas para descansar y dijo para sí mismo:
-¡Uf, esto es peor que una resaca! Bueno, descansaré un poco y cuando el tiburón se marche podré volver a la playa.
El tiburón se fue antes de lo previsto, como si algo lo hubiera asustado. Joel-Poe estaba preguntándose qué podría haber espantado a un tiburón de dos metros cuando la respuesta surgió bruscamente de las aguas. Se trataba de un monstruo aterrador, armado con numerosos tentáculos cubiertos de ventosas. Tras unos segundos de pasmo, el alma de Poe recordó algo que había leído en su vida anterior y reconoció a un Devorador de Almas, una criatura del abismo que ocasionalmente salía a la superficie en busca de alimento.
Las numerosas personas que estaban en la playa gritaron aterrorizadas cuando vieron al monstruo que se acercaba y muchas intentaron huir o llamar a la policía. Pero la bestia, adivinando sus intenciones, les arrojó una sustancia semejante a una telaraña, que los inmovilizó y amordazó a todos, incluyendo a Amanda y April. Luego el Devorador usó sus tentáculos para agarrar a sus prisioneros más apetitosos uno por uno y absorberles el alma a través de sus ventosas, reduciéndolos a un estado vegetativo del que solo la destrucción del monstruo podría salvarlos. Joel-Poe, que por hallarse en el islote había pasado desapercibido, era el único que seguía libre, así que nadó hacia la playa rápida pero sigilosamente, procurando no llamar la atención del monstruo. Si solo hubiera sido Joel, no habría sabido qué hacer en semejante situación, pero el alma de Poe conocía muchos secretos y sabía que el Devorador, al igual que todas las criaturas infernales, podía ser destruido con un objeto de plata. Cuando llegó a la playa, se arrastró hacia el lugar donde se hallaban April y Amanda para hacerse con la moneda de esta última. Afortunadamente, Amanda usaba dicha moneda como colgante, así que no podía perderla. Tras quitársela, Joel-Poe les susurró a las asustadas muchachas unas palabras tranquilizadoras, pero no intentó liberarlas, en parte porque no había tiempo y también por la influencia del subconsciente de Joel, que muchas veces había fantaseado con ver a Amanda y a su prima atadas y amordazadas. Luego, mientras el Devorador permanecía distraído absorbiendo las almas de sus víctimas, planeó atacarlo por detrás. Intentó acercarse a él sin ser visto atravesando unas rocas que bordeaban el arenal, pero tuvo la mala suerte de asustar a una gaviota, la cual llamó la atención del Devorador con un sonoro chillido. El monstruo fijó sus numerosos y despiadados ojos en el indefenso Joel-Poe, lo atrapó con uno de sus tentáculos antes de que pudiera arrojarle la moneda y le absorbió el alma. Luego arrojó su cuerpo inconsciente sobre las rocas y se preparó para elegir una nueva víctima.
Pronto seleccionó a una indefensa muchacha algo mayor que Amanda, que solo podía temblar y llorar aterrorizada mientras los tentáculos del Devorador se preparaban para robarle el alma. Pero entonces el monstruo se detuvo repentinamente y su mole empezó a fundirse rápidamente, puesto que un objeto de plata había tocado su cuerpo para devolverlo al Infierno del que había surgido.
Cuando el monstruo atrapó a Joel-Poe y absorbió su alma, se desentendió de él, pensando que lo había dejado sin sentido. Pero ignoraba que en aquel momento su tenía dentro dos almas, de modo que solo había absorbido una, la de Joel, mientras que la de Poe había permanecido a salvo. Astutamente, Poe había mantenido el cuerpo de Joel inmóvil durante unos segundos, para que el monstruo se confiara, y luego lo había reanimado para que atacara al Devorador con la moneda de plata. Cuando dicha moneda tocó su gelatinosa piel, el monstruo murió y su mole se fundió hasta desaparecer sin dejar rastro. Del mismo modo también se desvaneció la telaraña que inmovilizaba a sus prisioneros. Entonces aquellos cuya alma había sido absorbida la recuperaron y no tardaron en recobrar la conciencia, aunque al principio se sintieron confusos y algo mareados, como quien se recupera de un breve desmayo. El alma de Joel también pudo volver a su cuerpo, mientras que la de Poe, como ya estaba todo arreglado, decidió volver al Más Allá. El pobre Joel ni siquiera sabía qué había pasado ni entendía cómo había llegado allí, pues lo último que recordaba era que huía de un tiburón en el mar. Estaba tan confuso que, cuando se encontró con Amanda y April, apenas fue capaz de decir:
-Chicas, ¿qué… qué ha pasado? ¡No entiendo nada!
Amanda sonrió y le dijo:
-Lo que ha pasado es que acabas de rescatarnos, como un caballero andante. ¡Muchas gracias, Joel!
Dicho esto, la muchacha besó cariñosamente a Joel, quien esta vez no pudo disimular su erección.





