Como es habitual, cogí mi camioneta para salir a repartir la grama que vendo a los granjeros y puedan alimentar sus animales. Eran aproximadamente las once menos quince, noche nublada, fresca y con luna llena, lo normal en esta temporada, me restaba solo repartir los últimas cuatro raciones al señor García, él, es uno de mis clientes más fuertes... pero casi siempre me cuesta llegar a su granero, está lejos y debo pasar por una zona llamada "la curva maldita", la denominan de esa forma puesto que los accidentes en esa zona han sido múltiples y muchas de ellas con resultados fatales, sin más que detallar, continuaré.
Manejaba despacio, ya eran las doce y 20, recuerdo con exactitud la hora, porque mientras conducía miré la hora, tenía mucho sueño, cargaba con el desvelo de la noche anterior. Lo más gracioso y molesto fue, que el señor García había dejado a su guardia sin el dinero para mi pago, lo único que le dejó como orden, es que regresaba a la una en caso de emergencia; caso contrario verlo mañana. Como restaban cuarenta minutos, agradecí al joven, él, entró al granero, yo me alejé un poco para descansar un momento. El tiempo transcurría y poco a poco, mis ojos se iban cerrando... me dormí.
Abrí los ojos, no podía moverme, pero era un sueño... bueno, en realidad una pesadilla. Mis MANOS, estaban aferradas con firmeza en el timón,no podía ejercer movimiento alguno, estaba completamente congelado, hasta entonces, no sabia el porqué; movía los ojos en todas las direcciones posibles y noté lo inesperado, alguien se acercaba al vehículo, caminaba vacilante y con la mirada al suelo, descalzo y con ropa, que ropa, eran harapos. Mi respiración aceleró, pero mi cuerpo seguía inerte, el sujeto, llegó ami camioneta, abrió con total desparpajo la puerta trasera, se sentó e inmediatamente indicó con sus dedos que condujera. Su indice izquierdo, huesudo y sin uña apuntaba la carretera oscura y sin fin... mi sudor recorría mi cuerpo, tenía hasta los pantalones mojados, me había meado encima. El PÁNICO, abarcó y controló cada centímetro de mi ser. Entonces comencé a conducir, alguien controlaba mis movimientos, yo sólo tenia los dientes muy presionados mis labios vibraban fuertemente, y mi corazón parecía que pronto estallaría. El fétido olor que el sujeto emanaba era realmente asqueroso, pero su dedo seguía firme apuntando la carretera escabrosa y sin fin... a medida que la camioneta tomaba viada, los RUIDOS que resonaban eran preocupantes, fue suerte plena que el motor no se haya fundido debido al esfuerzo en la aceleración, en mi cabeza y a mi parecer, pedía a GRITOS socorro, pero eran nulos, todo eso estaba dentro de mi cabeza, empapado por mis fluidos sudorosos, apabullado por el pavor y completamente desconcertado conducía, mientras que el asqueroso y siniestro sujeto, continuaba apuntando la carretera sin fin... no mostraba su rostro, seguía con la mirada directa en sus pies descalzos, los mismos que pude divisar por el retrovisor interno, sus dedos huesudos y sin uñas hacían un movimiento serpentino, que miedo me da, tan solo recordarlo... cuando al fin bajó su dedo, me detuve, mi respiración se regularizó parcialmente, poco a poco el sujeto, comenzó a levantar la cabeza, tomó mi rostro con ambas manos y la giró de tal forma que la puso frente al suyo. Mis ojos estaban cerrados, no quería verle la cara...
- Acá me bajo... acá me quedo...
Fue lo único que me dijo... y abrí los ojos, era un decrépito señor, parecía un zombi, estaba pudriéndose, estaba muerto... tenía las cuencas oculares con gusanos, dientes colgando la boca llena de SANGRE y un tremendo, pero tremendo corte en la zona parietal de su cabeza, era tan visible que a mi parecer, solo un golpe muy contundente podría abrir de esa manera tan horrenda el cráneo humano, no entraré en detalles de la herida, pero pueden imaginar lo que deseen.
Abrí los ojos, me había cagado en los pantalones, estaba completamente mojado por el sudor y pegué de inmediato un estridente alarido, el mismo que me dejó mudo por el dolor. Miré mi reloj, eran casi las dos de la madrugada, el señor García no llegó, pero poco o nada me importó, puse retroceso y me largué embalado. A medida que cruzaba los baches me di con la sorpresa que, la puerta trasera estaba abierta.
Llegué a casa, me duché y en la cama le comenté esto a mi mujer, no me creyó nada y solo me dijo que me durmiera, es el cansancio y la sugestión por soñar tonterías.
Una noche más tarde, al amanecer, los encabezados de las noticias decían:
"RECONOCIDO GRANJERO DE LA ZONA EULER GARCÍA PÉREZ, MUERE EN ACCIDENTE DE TRÁNSITO, AL PARECER TODO INDICA QUE SE DURMIÓ MIENTRAS CONDUCÍA".
Fue algo increíble, pero más increíble fue, ver la foto anexada a la noticia, el señor García tenía la misma herida fatal que el sujeto de mi pesadilla y su accidente fue en el lugar exacto que me pidió detenerme.
Autor: Gaspar Paredes 26/09/18
Agradecimientos especiales a Blanca Laura Mendieta por su comentario y las cinco palabras que inspiraron este cuento (PÁNICO, MANOS, SANGRE, GRITOS Y RUIDO).





