La Sombra (2ª Parte)

(Resumen del episodio anterior: Rosa Méndez, una adinerada y atractiva mujer aficionada a las ciencias ocultas, le ofreció su cuerpo a un ente sobrenatural, que a cambio le proporcionó energía para prolongar su juventud. De esas relaciones nació Ruy, un muchacho dotado de poderes sobrenaturales. Cuando Ruy llega a la adolescencia, descubre su origen y los turbios manejos de su madre, por lo que decide huir de su casa.) Nerea era una hermosa muchachita que estudiaba el bachillerato en un prestigioso colegio

(Resumen del episodio anterior: Rosa Méndez, una adinerada y atractiva mujer aficionada a las ciencias ocultas, le ofreció su cuerpo a un ente sobrenatural, que a cambio le proporcionó energía para prolongar su juventud. De esas relaciones nació Ruy, un muchacho dotado de poderes sobrenaturales. Cuando Ruy llega a la adolescencia, descubre su origen y los turbios manejos de su madre, por lo que decide huir de su casa.)

Nerea era una hermosa muchachita que estudiaba el bachillerato en un prestigioso colegio privado, propiedad de la poderosa familia Méndez. Era la mejor actriz del grupo de teatro y quería dedicarse al cine, aunque solo había hablado de sus sueños con Vera, su joven profesora de Interpretación. Cuando Nerea cumplió los dieciocho años, Vera la abordó durante el recreo y le dijo en tono confidencial:

-Le he hablado de ti a un amigo mío, que es fotógrafo profesional y trabaja para una revista de moda muy conocida. Me dijo que le gustaría hacerte algunas fotos y, si queda contento con el resultado, podría recomendarte para trabajar como modelo. La experiencia en las pasarelas te ayudaría a saltar al cine. Ya sabes que hoy en día la mayoría de las actrices jóvenes proceden del mundo de la moda, más aún que del teatro.

A Nerea se le encendieron los ojos al oír estas palabras, pero luego suspiró y dijo con voz triste:

-Estaría genial, pero no creo que mis padres me dejen. Nunca han tenido clara la diferencia entre una agencia de modelos y una red de trata de blancas.

-Pero ahora eres mayor de edad, así que ya no necesitas su permiso.

-Pero mi madre siempre me dice lo mismo: para ella no seré mayor de edad hasta que gane mi propio dinero.

-Pues de eso se trata, de que empieces a ganarte tu propio dinerito. Si te parece bien, el próximo sábado te llevo con mi amigo. Y a tus padres no les digas nada, ¿vale?

-Vale, Vera. Muchas gracias por todo.

Aquel sábado Nerea salió de su casa a primera hora de la mañana, tras decirles a sus padres que había quedado con una amiga para practicar footing, aunque debajo del chándal llevaba puesto su bikini más atrevido.

Vera la aguardaba cerca y, tras un breve viaje en coche, llegaron a su destino. Se trataba de un edificio bastante moderno, que curiosamente también pertenecía a la compañía de la familia Méndez, que tenía sus oficinas en la primera planta. Sin embargo, los fines de semana aquellas oficinas estaban cerradas y a simple vista el resto del edificio parecía deshabitado, pues las ventanas estaban cerradas. Vera, que tenía las llaves, le dijo a Nerea:

-Mi amigo le alquiló su piso a la Compañía Méndez y a estas horas suele tener las ventanas cerradas, porque dice que trabaja mejor con luz artificial. Ya sabes, típicas rarezas de artista.

Cuando entraron en el piso del fotógrafo, Nerea descubrió, sorprendida, que allí la oscuridad era casi absoluta, salvo por el pálido resplandor de unos viejos candelabros. No solo estaban cerradas todas las ventanas, sino que la luz eléctrica estaba apagada. La muchacha, vagamente asustada, miró hacia atrás, solo para descubrir que Vera había cerrado la puerta del piso con llave.

Entonces una sombra siniestra, en cuyo oscuro rostro solo se distinguían dos pupilas brillantes como las de una fiera salvaje, surgió de las tinieblas, en un lento pero inexorable avance hacia Nerea. Cuando la muchacha comprendió que había caído en una trampa y aquella cosa ya no era humana, chilló aterrorizada. Pero Vera le tapó la boca y le susurró con voz maliciosa:

-Tranquila, nena. Él solo quiere tu sangre. Ser mordida por un vampiro es más romántico que enseñarle el culito a un fotógrafo pervertido, ¿no te parece?

Pero entonces la puerta del piso se abrió estrepitosamente e hizo su aparición un muchacho pálido y desarrapado, que agarró con fuerza a Vera y la separó de Nerea, a la que le dijo:

-¡Vete de aquí deprisa!

Nerea no necesitó que le repitieran la orden de marcharse y bajó corriendo las escaleras, mientras su misterioso salvador se quedaba en el piso, atrapado entre el monstruo de la oscuridad y Vera, que había sacado una pistola del bolsillo y le bloqueaba la salida. Pese a estar atrapado, el muchacho no mostró ningún temor y dijo tranquilamente:

-Ni siquiera habéis intentado retener a la chica. Ella solo era un cebo para atraerme, ¿verdad? Supongo que esto es cosa de mi madre. A nadie más se le ocurriría usar a un vampiro para atraparme.

Vera sonrió y dijo:

-Eso es cierto, Ruy. Sabemos que tu sexto sentido te dice dónde hay una persona inocente en apuros. Siendo un estúpido romántico, siempre acudes al rescate de los necesitados, pero en esta ocasión eres tú quien necesita ayuda. Ni siquiera tu fuerza puede dañar al vampiro, pues su única debilidad importante es la luz solar. La luz eléctrica le causa algunas molestias y por eso la mantiene apagada, pero eso no tiene mucha importancia.

Entonces fue Ruy el que sonrió y dijo:

-Parece que no te has enterado de que este edificio tiene paneles solares en la azotea. Toda su energía eléctrica procede del Sol.

Durante un instante Vera pareció turbada, pero luego recobró el aplomo y dijo:

-Vas de farol. Siendo tu madre la dueña de media ciudad, no iba a mandarnos venir precisamente a un edificio con paneles solares.

Pero, mientras Vera acababa de pronunciar estas palabras, Ruy, con un movimiento tan rápido que ni siquiera el vampiro pudo detenerlo, golpeó el interruptor de la luz. Cuando aquella energía procedente del Sol se derramó sobre la piel del vampiro, este empezó a arder con furia, amenazando con incinerar el edificio entero. Vera disparó sobre Ruy, pero, cegada por el rápido tránsito de una oscuridad casi absoluta al intenso resplandor de las llamas, falló todos los disparos. Ruy, que había cerrado los ojos, la localizó por el palpitar de su corazón, le arrebató su arma y la golpeó en el rostro, dejándola sin sentido. Luego, tras adoptar su forma de combate (que le daba la apariencia de una poderosa criatura semejante a un licántropo), agarró a la inconsciente Vera, salió rápidamente del cuarto, rompió las ventanas del pasillo y huyó de las llamas mediante un salto inverosímil. Una vez fuera del edificio, recobró su aspecto normal, depositó a Vera sobre el suelo y se quedó a su lado mientras permaneció inconsciente, para asegurarse de que estaba a salvo del incendio. Cuando la joven profesora recobró el sentido, le dijo:

-Veo que me has salvado la vida, pese a que hace un rato intenté matarte. No me gusta dar las gracias, pero supongo que debería hacerlo.

-No hace falta. Me conformo con que desde ahora me dejes en paz.

-¡Qué remedio! Tu madre no volverá a confiarme ninguna misión. Aunque en realidad fue culpa suya, por ordenarme que te tendiera la emboscada en un lugar donde el vampiro era vulnerable.

-No fue culpa suya, sino mía.

Ruy buscó algo entre los andrajos que cubrían su cuerpo y le mostró un lujoso teléfono móvil a Vera. Esta dijo sorprendida:

-¡Ese es el móvil de Rosa! Tú nos enviaste los mensajes al vampiro y a mí. Así pues, realmente fuimos nosotros los que caímos en tu trampa.

-En efecto. Mi madre siempre ha subestimado mi sexto sentido. Por eso no se le ocurrió pensar en algo obvio: esa extraña facultad a la que llamo “la sombra del Diablo” también me avisa cuando quien corre peligro soy yo mismo. Por eso preví que mi madre estaba tramado algo para atraparme, así que esta madrugada volví a casa, entré en su cuarto y le robé el móvil. Primero pensé ordenaros que abortarais la misión, pero luego cambié de idea, pues debía buscar una manera de acabar con el vampiro.

-¿Y cómo sabías con quién debías contactar? Rosa no te lo habrá dicho voluntariamente. Y supongo que alguien como tú nunca sería capaz de torturar a su propia madre, por muy malvada que sea.

-En efecto, yo jamás podría lastimar el cuerpo del que nací. Pero no me importa herir la parte más sensible de mi madre, que es su vanidad. Le hice algunas fotos comprometedoras con el móvil y la amenacé con hacerlas virales en Internet si no me decía todo lo que quería saber. Ahora debo irme. Por cierto, te dejo el móvil de mi madre para que lo vendas. Necesitarás algún dinero, porque no creo que puedas seguir trabajando para la compañía después de esto.

Dicho esto, Ruy se fue antes de que llegaran los bomberos.

Cuando la doncella de Rosa entró en su cuarto para comunicarle que un edificio de su propiedad había sido destruido por un incendio, la encontró atada, amordazada y en paños menores, tal como Ruy la había dejado la noche anterior.

 

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