Finales Y Principios (Nueva Versión)

Un monstruo terrible surgió de las entrañas de la tierra y arrasó buena parte del mundo, hasta que un poderoso misil lo reventó en mil pedazos cerca de las costas norteamericanas. Cuando se reanudaron las clases, que habían sido suspendidas durante la crisis, Hank Baker, un niño estadounidense de doce años, descubrió que tendría durante el resto del curso una nueva y misteriosa compañera de pupitre: la estudiante de intercambio francesa Helene Belfort. Cuando cobraron confianza, Helene le confesó a Hank dos

Un monstruo terrible surgió de las entrañas de la tierra y arrasó buena parte del mundo, hasta que un poderoso misil lo reventó en mil pedazos cerca de las costas norteamericanas. Cuando se reanudaron las clases, que habían sido suspendidas durante la crisis, Hank Baker, un niño estadounidense de doce años, descubrió que tendría durante el resto del curso una nueva y misteriosa compañera de pupitre: la estudiante de intercambio francesa Helene Belfort. Cuando cobraron confianza, Helene le confesó a Hank dos sorprendentes secretos: ella era un vampiro y él había sido en una vida anterior un poderoso samurái, dueño de una espada capaz de matar seres sobrenaturales. También le reveló que el monstruo seguía vivo y que solo él podría detenerlo, para lo cual le entregó la espada que le había pertenecido en su vida anterior.

Aquella noche Hank recibió en su cuarto la visita de Helene, que había entrado por la ventana y parecía muy seria. Tras despertarlo, le dijo sin rodeos:

-Debemos luchar, Hank. El monstruo ha vuelto.

Hank, que aún estaba medio dormido, dijo con voz insegura:

-Pero vi el telediario durante la cena y no recuerdo que dijeran nada de ningún monstruo. Solo hablaban de unos disturbios en las afueras.

-¡Es que esos disturbios los están provocando personas poseídas por el monstruo! Ya te lo explicaré luego. Ahora vístete deprisa y no te olvides de tu espada.

Cuando Hank estuvo preparado, Helene agarró su mano y ambos salieron por la ventana, pues no hubieran podido hacerlo por la puerta sin que se percataran los abuelos del muchacho. Mientras corrían hacia la zona del conflicto, Helene (que, como no necesitaba respirar, podía hablar y correr al mismo tiempo sin perder el aliento) le dijo a su amigo:

-El misil despedazó al monstruo, pero no lo mató. Su espíritu seguía vivo en los fragmentos de su cuerpo, que fueron devorados por los peces marinos. La esencia del monstruo se transmitió de unos organismos a otros a través de la cadena alimenticia, al igual que sucede con ciertos tipos de contaminación. Luego los peces contaminados se acercaron deliberadamente a la costa, para ser capturados y comidos por seres humanos. De ese modo, el espíritu del monstruo pudo llegar a las personas que están provocando los disturbios. Y, si no las detenemos a tiempo, podrían acabar con el mundo entero.

Hank, aunque estaba jadeando a causa de la carrera, fue capaz de preguntar:

-¿Y la policía no puede hacer nada?

-No. Las personas poseídas son casi indestructibles. Las balas no las detienen, incluso podrías reventarlas con una bomba y los pedazos de sus cuerpos se alzarían del suelo para proseguir la masacre. Solo tu espada puede solucionar este problema y tú eres el único capaz de manejarla. Yo te ayudaré todo lo que pueda, pero recuerda: sin ti el mundo está perdido.

Mientras tanto, hordas de posesos formadas por personas de toda condición avanzaban hacia el centro urbano, caminando sobre los cadáveres de los policías que habían intentado detenerlos y de todas las personas inocentes que habían caído en sus manos. Algunos de ellos habían robado las armas de los policías muertos para disparar contra las casas de las cercanías, masacrando de ese modo familias enteras, aunque los que iban desarmados no eran menos peligrosos, pues el espíritu del monstruo les había otorgado una fuerza y resistencia sobrehumanas.

Sin duda hubieran acabado con todos los habitantes de la ciudad, incluyendo a los abuelos de Hank, si este y Helene no les hubieran cortado el paso en el campus universitario, cuyos árboles y edificios se hallaban envueltos en llamas. Hank, que hasta entonces no se había sentido capaz de luchar y que solo había seguido a Helene porque la consideraba su amiga y no quería decepcionarla, se olvidó de todas sus dudas cuando vio a sus enemigos. Empuñó su espada con todas sus fuerzas y se arrojó sobre ellos, con la habilidad y destreza que lo habían caracterizado en su vida anterior, cuando era un guerrero samurai del antiguo Japón. Si bien su cuerpo no era, ni mucho menos, tan fuerte como en su anterior encarnación, su pequeño tamaño compensaba en parte esa desventaja, pues lo hacía más ágil y escurridizo. De ese modo, se abrió paso entre docenas de terribles adversarios a base de mandobles y acabó con muchos de ellos en pocos segundos. Los que seguían en pie comprendieron que aquella espada suponía una verdadera amenaza para ellos, así que tomaron sus armas y se prepararon para disparar sobre Hank. Sabiendo que su amigo estaba en peligro, Helene se transformó en una bandada de grandes murciélagos, que se arrojaron sobre los posesos y les arrancaron las armas de las manos antes de que pudieran disparar. Poco después, todos ellos habían caído al suelo, atravesados por la espada de Hank. Este, que se hallaba casi extenuado, suspiró con alivio, pensando que ya había vencido.

Pero se equivocaba: la sangre que manaba de los cadáveres se concentró y condensó rápidamente, hasta convertirse en un enorme gusano rojo y semifluido. Hank intentó atacarlo, pero el cansancio le restó rapidez, lo cual fue aprovechado por el gusano para envolverlo en sus anillos y obligarlo a tirar su espada. Entonces sonó una voz inhumana, que hirió los oídos del indefenso Hank:

-Creo que esta no es la primera vez que nos vemos. Hace cientos de años, cuando ambos ocupábamos otros cuerpos, tú eras un samurái y conseguiste arrastrarme a la tumba. Pero yo he aprendido mucho desde entonces, mientras que tú no has mejorado tu técnica. ¡Así que esta vez te irás al Infierno tú solo!

El gusano empezó a presionar con fuerza irresistible el cuerpo de Hank, que chilló de dolor al sentir que todos sus huesos estaban a punto de romperse. Pero en el momento supremo Helene, transformada en una hermosa loba blanca, saltó sobre la grupa del monstruo y clavó sus colmillos en aquel cuerpo hecho de sangre. El gusano bramó de dolor, soltó a Hank y cayó al suelo, convertido en un enorme charco rojizo. Helene recobró su forma humana, pero Hank, cuando pudo levantarse y recuperar el aliento, vio que algo no iba bien, pues su amiga, en vez de fortalecida por la sangre que acababa de absorber, parecía mortalmente pálida. Cuando le preguntó qué le pasaba, ella respondió con voz débil:

-Es el monstruo… al absorber su sangre, también absorbí su espíritu y ahora está intentando poseerme. Mis poderes me permiten resistir su influencia, pero el esfuerzo me está debilitando.

Entonces apareció un pequeño grupo de vecinos supervivientes, que habían presenciado el combate desde sus escondrijos, pero que lo habían malinterpretado totalmente. Pensando que los niños eran brujos o algo peor, los atraparon y acusaron de haber provocado el desastre, sin que la debilitada Helene ni el extenuado Hank pudieran hacer nada para esquivarlos. Antes de que ninguno de los dos pudiera decir nada, sus captores los ataron y amordazaron, para evitar que huyeran o llamaran a los demonios en su auxilio. Al verlos indefensos, uno de aquellos enloquecidos individuos dijo:

-Ya visteis que las balas no sirven de nada contra estos demonios. ¡Hay que quemarlos vivos!

Los demás asintieron y se prepararon para cremar a sus prisioneros, para lo cual trajeron una lata de gasolina y un mechero. Pero el demonio que se hallaba dentro de Helene no quería arder con ella, así que abandonó su cuerpo y, aprovechando la energía que le había arrebatado, se materializó bajo la forma de un murciélago gigante. A continuación masacró a los aterrorizados vecinos, desentendiéndose momentáneamente de Hank y Helene, quienes, a fin de cuentas, no podían ir a ningún sitio. Pero Helene consiguió escupir su mordaza y, aunque había perdido todo su poder, aún conservaba sus largos y afilados colmillos de vampiro, que usó para cortar las ligaduras de Hank. Cuando este se vio libre, no necesitó que nadie le dijera lo que debía hacer. Mediante un veloz movimiento, recogió su espada y atravesó con ella el cuerpo del demonio, acabando con él para siempre.

Tras obtener la victoria definitiva, Hank liberó a Helene y los dos amigos se fundieron en un largo abrazo. Entonces Hank se percató de que la piel de Helene estaba tibia, cuando los vampiros suelen ser bastante fríos. Adivinando la extrañeza del muchacho, ella sonrió y le dijo:

-Cuando el demonio abandonó mi cuerpo, se llevó consigo mis poderes de vampiro, así que ahora vuelvo a ser completamente humana. Y la verdad es que me alegro: el vampirismo tiene sus ventajas, pero a largo plazo es bastante deprimente. Dentro de poco, ni yo misma recordaré que alguna vez fui un vampiro.

Apenas hubo pronunciado Helene estas palabras, tanto su memoria como la de Hank sufrieron una rara alteración. Ella olvidó que había sido un vampiro y él que había salvado al mundo. Pero no olvidaron que eran amigos y con el tiempo llegarían a ser mucho más.

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